jueves, 23 de diciembre de 2010

Presa Fácil

Atrápame,

Cázame,

Toma mi carne, aliméntate de ella.

Pero después, digiéreme,

Tumbado sobre el colchón

Saciado y relamiendo

Mis huesos enamorados


Delirio de Media Noche

Delirio de media noche


Duermes.

Y respiras hondo, lento,

Hacia adentro,

Como si quisieras absorberme a mí

Y a todo lo que me rodea.

O tal vez sea yo

Quien quiere estar dentro de ti

Y por eso hago que te estremezcas en sueños

Rozándote con una cinta de seda

Y con las yemas de los dedos.

Agítate, crispa las manos,

Pero hazlo sobre mí.

La luna es mi cómplice esta noche,

Con este acto que se desarrolla con alevosía y con nocturnidad.

Pero sigues aquí, a mi lado, durmiendo,

Ignorante y padeciente a partes iguales

De mi delirio de medianoche.


Pájaro de Papel

Pájaro de Papel

Esta mañana,

Te escribo en una servilleta.

Como los sentimientos que resbalaron

Por nuestros labios

Hoy me limpio el corazón

En la celulosa de una cafetería.

Te escribo en esta servilleta

De papel semitransparente y plastificado.

Como tus preferencias.

En esta cafetería atestada de gente,

Con mi cuerpo casi inerte cerniéndose sobre el escrito.

Es curiosa la sensación al lamer los posos del té,

Justo como antes lamía tus labios

Que eran más amargos que el estimulante café.

Tal vez termine plegando la hoja blanca

Para formar un pájaro de papel

Y así hacerte volar,

Volar lejos de mí.


miércoles, 3 de noviembre de 2010

Pira

Bálsamo de mis pensamientos,

Quémame junto a tu fuego.

Bésame hasta que la fricción de nuestros labios

Haga prender la pira del deseo.

Tómame con tus manos

Arranca mi cabello

Purifica mis actos

Que se incineren entre romero.

Que solo quede carbón

Donde antes un cuerpo hubo

Que mi alma vuele

Entre volutas de humo.

Polvo, grasa humeante,

Piel resquebrajada y tizne asfixiante,

Nada, nada, solo huesos pelados,

Que solo queden las ascuas

De dos enamorados.

Bruja que se muere,

Mártir que se queda

De que sirve vivir

Si te amarran con cadenas.

Si no nos quieren juntos

Que vuelen hasta el cielo

Donde ahora seremos nubes

Que se esfuman a ras de suelo.

Niebla negra

Que dice adiós a su poblado

Niebla negra al viento...

Nunca volverán a hacer

Que estemos separados.


Esta es la historia de dos jóvenes que al no poder estar juntos, deciden quemarse y convertirse en nubes para poder estar juntos.

Vamos, dos tontos profundos que están tan cegados por el amor que prefieren la muerte a vivir separados. Gilipollas, vaya que si.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Una de batallas

Amanece,
se levanta la mañana
fría, pura, helada,
los cañones aún dormidos
la bandera de rocío empapada.

Tocan las cornetas, y los cuernos de batalla,

los soldados se engalanan
y engrasan de las bayonetas las espadas.
Embridan sus monturas,
esperan la batalla,
entregan al correo
cartas para sus amadas.

Llevan en la chaqueta

una rosa blanca,
la pólvora negra
ha manchado sus casacas.

Suena de nuevo aviso,

montan sus bravas jacas
se dirigen a buen trote
al fragor de la batalla.

Tintineo de metal

soniquete de medallas
los soldados se precipitan
ante un muro de lanzas.

El polvo se levanta,

las flores en los ojales se tornan granas
la vida de los valientes
se escurre por los agujeros de bala.

Ruge fuego del cañón

bocanada de muerte cargada
caen algunos derrotados
más otros con furia... cargan.

Metal,
azufre, fuego,
entrechocar de armas,
lamentos, sangre,
quedan quebrados huesos y almas.

Desciende la tarde,

toca retirada
y los hombres malheridos
regresan detrás de sus alambradas.
Y mientras lamen sus heridas
y entierran a sus camaradas
ya no se sienten humanos...
sino bestias apaleadas.

Maldicen su suerte,
rezan para que su Dios perdone sus almas
intentan olvidar que por sus manos
unas cuantas vidas han sido sesgadas.

Amanece,
se levanta la mañana...





Con un novio amante de las batallas (históricamente hablando, por supuesto) es fácil inspirarse. Me ha resultado muy divertido escribir este poema.
Hay que ver, Juan es un Muso del Belicismo para mí :3

La Huella

Nunca me amaste,
mas siempre me quisiste
y como el nunca siempre termina en siempre,
te diste cuenta de la perdida.

Adiós, tengo que decirte.
Adiós, no pude seguirte.

Y caminabas seguro,
con paso firme y decisión.
Reíste, y te fuiste pensando
que de cada paso que dabas
la huella sería yo.

Adiós, y siento despedirme,
Adiós, no me quedó otra opción.

Y es que otros me ofrecieron
algo más que una ilusión.
Y de sueños hicieron hechos,
y de los hechos una opción,
y las penas se perdieron
siendo sustituidas por candor.

Adiós, ¡que tengas suerte!
Adiós, te deseo lo mejor.

Yo me quedo en el camino,
sigue, no pares, por favor,
no te des la vuelta.
Te lo pido...
ahorranos esto a los dos.